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Tú eres el futuro

Incluir entre los beneficiarios de un testamento a organizaciones sin ánimo de lucro permite prolongar tu compromiso solidario y proyectarlo hacia generaciones futuras.

Prolonga tu compromiso solidario con Educo

Testar o legar en favor de Educo es un acto generoso y solidario. Los recursos económicos heredados serán destinados a financiar nuestros proyectos educativos con el fin de garantizar que miles de niños y jóvenes accedan a una educación que les permita mejorar sus condiciones de vida y escapar de situaciones de pobreza.

¿Por qué legar a Educo?

Porque trabajamos para que todos los niños:

  • Tengan acceso a una educación de calidad
  • Tengan una buena salud
  • Estén protegidos
  • Gocen de una vida digna
  • Disfruten plenamente de sus derechos
  • Puedan participar en las decisiones que les afectan

¿Cómo puedo incluir a Educo en mi testamento?
¿Qué ocurre si no hago testamento?
¿Qué impuestos debe pagar Educo de los legados recibidos?
Tengo que rehacer mi testamento para incluir a Educo si ya lo tengo hecho?
Quiero hacer testamento, pero no tengo asesor legal

Quiero dejar un legado solidario

Tienes varias opciones y tú decides cuál escoger

Los recursos económicos que heredamos, así como los que nos confían nuestros colaboradores, son destinados a financiar nuestros proyectos educativos con el fin de garantizar que miles de niños y jóvenes accedan a una educación que les permita mejorar sus condiciones de vida y revertir las condiciones de pobreza en las que se encuentran.

Si quieres dejar tu huella solidaria y seguir colaborando con Educo más allá del tiempo, llámanos al 93 300 11 01 y pregunta

por Isabel Morejón. También puedes escribirnos un e-mail a legados@educo.org

Estas son algunas de las preguntas que tal vez te estás planteando:

Contacto Legados Educo

Puedes ponerte en contacto con nosotros a través de nuestro correo electrónico o llamando

al número de teléfono 93 300 11 01

Nuestra compañera Isabel Morejón atenderá todas tus dudas.

La huella que nos deja Yvette

Hay personas que tienen un corazón que no les cabe en el pecho

Hay personas que tienen un corazón que no les cabe en el pecho. Nuestros colaboradores son de este tipo. Y casos como el de Yvette nos lo recuerdan cada día. Ella colaboró con Educo durante más de 15 años. Apadrinó a Virgilio y a Milagros, de Filipinas y Perú, durante los años que pasaron en la escuela de primaria, y también quiso dejarnos parte de su legado para extender aún más su huella solidaria. Es un honor compartir con todos vosotros las bonitas palabras que sus hijos le han dedicado. 

Nuestra madre nació en 1927 en Nantes, en la Bretaña francesa, y fue criada por su abuela a la que amó mucho. Pasó una infancia y adolescencia difíciles por la situación económica familiar y por los avatares históricos de la época que le tocó vivir.

Finalizada la II Guerra Mundial se trasladó a París, donde conoció a Adolfo y con quien contrajo matrimonio en 1948. La pareja se desplazó a Madrid para hacerse cargo del negocio de la familia de su marido, ciudad en la que, a partir de entonces, transcurriría su vida. Crió y atendió a una familia de cinco hijos y terminó sus días a los 86 años el 20 de diciembre de 2013, en paz.

Desde siempre recordamos a nuestra madre en actividades de voluntariado: de auxiliar en un hospital, en comedores sociales, yendo a leer a niños hospitalizados. Pero sobre todo le preocupaba que los niños, más aún las niñas, no tuvieran acceso a una educación y, por consiguiente, se les cerrasen las puertas para desarrollarse como personas plenas e independientes, capaces de elegir e integrarse en la sociedad.

Esa fue, creemos —pues no hacía ostentación de su colaboración—, la razón que la llevó a colaborar con Educo, colaboración en la que también tenían mucho que ver sus vivencias infantiles. En este sentido ella pensaba que Educo se ajustaba perfectamente a su deseo.

Alguna vez recibió en casa un dibujo de agradecimiento hecho por alguno de los niños de las comunidades que recibían la ayuda que ella gustosamente hacía llegar a Educo. Inevitablemente se conmovía, aunque no necesitara de ese refrendo para saber que estaba haciendo lo correcto. Pero, sobre todo, encontraba aquí la prueba de que lo que hacía llegaba a donde tenía que llegar. Y eso la llenaba de satisfacción.

Por ello, los hijos respetamos sin fisura alguna su gesto de otorgar un legado a Educo y contribuir, aun modestamente, en que pueda seguir con su labor. Y nos llena de orgullo que nuestra madre se haya mantenido firme en sus creencias y en sus valores para ayudar allá donde ella pensaba que podía hacer más falta.

Muchas Gracias por todo, en nuestro nombre y, sobre todo, en nombre de nuestra madre.

Albert y Patrick
"...Mais tu n'es pas le Bon Dieu
    Toi, tu es beaucoup mieux,
    Tu es un homme..."

    Jacques Brel
("...Pero tú no eres el Buen Dios / Tú eres mucho mejor / Eres un hombre...")

Para un solidario y Joven octogenario

El gesto de Juan simplemente demuestra quién era, lo que pensaba y lo que sentía

Juan León Rodríguez fue padrino de Educo durante trece años, desde 1999 hasta 2012. Después de su fallecimiento, su mujer, Isabel Bohórquez Quirós, se hizo cargo del apadrinamiento durante un año más. Juan quiso dejarnos parte de su patrimonio para que lo aplicáramos a favor de la infancia. Y así lo hizo. Muchos niños y niñas se están beneficiando de su legado. Pero la riqueza que nos deja va más allá del tiempo y del dinero, es el valor de su gesto solidario. 
 
Nació el 5 de diciembre de 1922 en Ubrique, Cádiz. Los amigos y familiares de Juan, con quienes hablamos para conocerle un poco mejor, nos cuentan que su origen humilde, unido a una discapacidad que tenía en su mano derecha y la necesidad de buscarse un medio de vida, despertaron en él el espíritu emprendedor que le acompañaría toda la vida.
 
El destino lo llevó de Ubrique a Ronda, una ciudad muy turística y populosa de la provincia de Málaga. "Sus inicios en Ronda fueron muy difíciles, con grandes necesidades y carencias económicas y afectivas", nos cuentan sus amigos, "allí inició lo que sería la dedicación de su vida, el comercio de artículos de regalo y porcelana". La puesta en marcha de la tienda, unida a sus características de trabajador "incansable, maduro, equilibrado, constante y con un gran espíritu de sacrificio", dieron como fruto, al cabo de los años, un próspero negocio que le permitió crear su patrimonio.
 
Debido a su infinita curiosidad y a sus deseos de formarse, Juan siempre estuvo en proceso de aprendizaje. Con 87 años estaba aprendiendo informática y leía biografías de personajes que consideraba ejemplares y modélicas. Siempre le causaron admiración las personas con principios morales y éticos, comprometidas con los demás. "En justicia, podemos afirmar que hasta el final de sus días fue un joven octogenario", explican sus familiares y amigos.
 
Sus familiares siempre le apoyaron, especialmente su esposa, Isabel, y su hermano Miguel, sacerdote del que se sentía orgulloso por su compromiso con los más necesitados. "Juan adoraba también a su abuela, por el amor y la ternura que siempre le demostró, y su fotografía presidió el hogar de Juan hasta el último momento", nos cuentan.
 
Conociendo su personalidad, los familiares y amigos de Juan atribuyen su colaboración con Educo a "los programas que la ONG lidera, la seriedad en su cumplimiento y la forma en que los llevan a cabo. El gesto de Juan simplemente demuestra quién era, lo que pensaba y lo que sentía". 

Elisa

Con la verdad por delante

Durante más de 15 años Elisa colaboró con Educo como madrina, hasta que nos dejó hace dos años. En todo este tiempo apadrinó a diversos niños y niñas y demostró su preocupación por el bienestar de la infancia en el mundo. Tanto es así que quiso dejar un legado para continuar su labor solidaria. Gracias a las personas cercanas que la apreciaban hemos podido conocer un poco más a Elisa y confeccionar este entrañable retrato.

Elisa nació en Liérganes, en la provincia de Santander, el 4 de agosto de 1929, pero Madrid fue la ciudad donde vivió toda su vida.
Sus amistades la definen como una persona muy sincera. "Era una mujer que siempre iba con la verdad por delante", explican. También poseía una generosidad propia de alguien muy desprendido que no escatimaba esfuerzos si alguien necesitaba ayuda. Así, sus amigos afirman que siempre podían contar con ella para lo que hiciera falta.
También nos cuentan que fue "una incansable trabajadora, asistente social y sobre todo enfermera de la Seguridad Social", trabajo en el que estaba volcada totalmente. Elisa disfrutaba cuidando a los enfermos.
Religiosa y reservada, no dudaba en prestar su apoyo a cualquiera que lo requiriera y, según los que la conocieron, no solía proclamar sus actos de solidaridad, como demuestra el hecho de que que hasta su fallecimiento no supieran todas las ayudas que realizaba.
Modestamente, desde estas páginas, queremos mantener el recuerdo de Elisa para contagiarnos de su generosidad y agraceder gestos como el suyo y el de todos nuestros colaboradores.

Libertad

“Una persona buena” Libertad siempre destacó por “un elevado sentido del civismo con los demás”

Libertad Alcaide fue madrina de Educo durante casi 15 años, entre 1998 y 2013, cuando finalizó su colaboración debido a su avanzada edad y por encontrarse enferma. Sin embargo, siempre tuvo en mente ayudar a los más necesitados y por ello quiso incluirnos en su testamento para seguir apoyando nuestros proyectos. Libertad nos dejó en abril de 2015, pero su huella solidaria perdura.
 
Libertad nació en junio de 1931 en Requena (Valencia). Tan solo dos meses antes se había proclamado en España la 2ª República y las ideas republicanas de libertad y fraternidad, además de dejar huella en su nombre de pila, la acompañaron toda su vida y marcaron su personalidad para siempre.
 
Al casarse, se trasladó a Barcelona junto a su marido, donde vivió la mayor parte de su vida. Después de enviudar, en 1993, decidió volver a la Comunidad Valenciana para vivir cerca de su hermano Miguel y de otros familiares. Pocos años después, decidió dar un paso más en su compromiso con las personas más desfavorecidas y empezó a colaborar con Educo como madrina. En estos años apadrinó a varios niños y fue guardando en su piso de Valencia las fotografías y los trabajos escolares que iba recibiendo periódicamente y que le recordaban la importancia que tenía su colaboración para mejorar las condiciones de vida de la infancia más vulnerable.
 
Las personas de su entorno la definen como “una persona buena, de trato agradable y con un elevado sentido del civismo con los demás”. Precisamente fue ese espíritu generoso y su actitud solidaria la que la llevó a dejar una parte de su herencia a Educo. “Un acto más de ese civismo que la caracterizaba”, afirman sus allegados.
 
Desde estas páginas queremos reconocer su gesto y transmitirle, esté donde esté, nuestro más sincero agradecimiento y el de las personas que se benefician de su ayuda.
 
Aquella caja de colores
 
Erlinda fue una de las niñas apadrinadas por Libertad. Hoy es una joven de 22 años que muestra una madurez envidiable y una gran capacidad para afrontar las adversidades. Desde su hogar en El Salvador, ella misma comenta que desde muy pequeña aprendió el valor del esfuerzo. “Cuando empecé en la escuela, mi madre siempre me decía: ‘te voy a dar hasta tercer grado y nada más’, pero yo soñaba con graduarme. Lo más difícil fue el tema económico, porque aunque mis padres querían darme una educación, no tenían ni para los útiles escolares; por esto comencé a trabajar cuando iba a cuarto curso”. Justo en ese momento, apareció Educo en su vida. “Nos dieron materiales escolares, llegaban y hacían jornadas de salud, mejoraban la escuela y siempre andaban viendo qué necesitábamos. Eso fue lo que me hizo seguir en la escuela”.
 
Entre 2005 y 2010, mientras estuvo en primaria, Erlinda fue apadrinada por Libertad. “Para mí fue un privilegio ser apadrinada, porque esa caja de colores, ese sacapuntas, esas jornadas de salud… fueron una bendición. Educo ha sido un puente para seguir adelante, me ha ayudado a dar un paso hacia el éxito”. Gracias a su tenacidad y a su esfuerzo, Erlinda acabó secundaria y bachillerato. Actualmente trabaja como secretaria en una empresa y cursa Ciencias Jurídicas en la universidad. Aspira a ser abogada para ayudar a su comunidad a defender sus derechos, y sobre todo, quiere ser un ejemplo para los niños que viven en condiciones de pobreza similares a las suyas y demostrarles que, con esfuerzo, se puede llegar lejos.
 
Al echar la vista atrás, Erlinda tiene palabras de agradecimiento para Libertad: “Esa gran persona tendrá su recompensa por todas las buenas obras que hizo. Valoro lo que con mucho sacrificio hizo por mí”. El dinero que nos ha dejado Libertad en su testamento irá dirigido a apoyar los derechos de niños y niñas que, como Erlinda, viven en condiciones difíciles y sin poder acceder a una educación de calidad.

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